Desde el Observatorio Ambiental de la UNR advirtieron que faltan datos y controles sobre una de las pocas reservas protegidas del sur santafesino.
La reciente aparición de una gran cantidad de peces muertos en el río Carcarañá encendió las alarmas en la región. La escena, que se extendió en distintos sectores del cauce, fue calificada como “impactante y alarmante” por Matías De Bueno, director del Observatorio Ambiental de la Universidad Nacional de Rosario.
El especialista señaló que el episodio es también una oportunidad para poner en agenda la situación del río. El Carcarañá recorre unos 240 kilómetros dentro de la provincia de Santa Fe, nace en Córdoba y atraviesa una cuenca de aproximadamente 48 mil kilómetros cuadrados, formando parte del entramado metropolitano del Gran Rosario.
Si bien se trata de una reserva natural protegida —con el cauce y 300 metros a cada lado bajo protección—, De Bueno advirtió que en muchos tramos esa condición no se refleja en el territorio. “Deberíamos ver un bosque de ribera amplio y conservado, pero eso ocurre en pocos sectores. En varias zonas, el avance urbano y agropecuario llega prácticamente hasta la orilla”, explicó.
Sobre la mortandad de peces, indicó que aún no hay certezas. Las hipótesis van desde cambios bruscos de temperatura del agua hasta el arrastre de agroquímicos tras lluvias intensas. También se analiza si la remoción del fondo del río pudo haber reducido el oxígeno disponible o liberado contaminantes acumulados en los sedimentos.
Municipios ribereños como Andino tomaron muestras rápidamente, al igual que el Ministerio de Ambiente provincial. Los estudios están en curso y permitirán determinar qué ocurrió.
Mientras tanto, se recomienda no consumir los peces extraídos del río hasta contar con resultados concluyentes. Aunque visualmente el agua no presenta alteraciones evidentes, el impacto ambiental fue significativo.
Desde la universidad se está desarrollando una investigación doctoral para caracterizar el uso del suelo y el estado ambiental del río. Esa información, que será pública, podría convertirse en una herramienta clave para impulsar un plan de manejo integral y la conformación de un comité de cuenca.
“El río es parte de nuestra identidad cultural y ambiental. Está muy cerca y tiene mucho que ver con nosotros. No podemos dejar pasar esta situación sin generar cambios”, concluyó De Bueno.

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