“Pensé que esto le pasaba a otras familias”: el conmovedor testimonio que da esperanza frente a las adicciones

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Nacido hace casi siete años, el Grupo Esperanza Viva brinda contención gratuita a personas con consumos problemáticos y a sus seres queridos. Desde la experiencia, el acompañamiento y la fe, sus integrantes aseguran que la recuperación es posible y convocan a quienes necesiten ayuda a dar el primer paso.

Detrás de cada adicción hay una historia de dolor. Pero también puede haber una historia de recuperación. Ese es el mensaje que transmitieron los integrantes del Grupo Esperanza Viva, quienes participaron del programa radial El Muelle conducido por Lucas Maidana,

para compartir su experiencia y tender una mano a quienes atraviesan una situación de consumo problemático.

En los estudios estuvieron Mariela Tegliategui, Ariadna Lazarini y Fabián García, quienes explicaron cómo funciona este espacio de acompañamiento que hoy desarrolla sus encuentros en la parroquia San Antonio de Padua de San Lorenzo.

Un grupo nacido desde el dolor y la esperanza

Mariela Tegliategui recordó que el grupo comenzó en 2019 dentro de la parroquia San Lorenzo Mártir, impulsado por voluntarios junto al padre Roberto, vinculado a la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza.

«Somos papás de lucha. Yo fui mamá de un hijo con adicciones y también esposa de una persona con adicciones. Conozco el dolor desde los dos lugares», expresó.

Su historia personal cambió cuando, luego de años buscando respuestas en distintos lugares, su hijo decidió pedir ayuda.

«Un día golpeó la puerta de casa y me dijo: ‘Mamá, necesito que me ayudes’. Ese fue el comienzo de una nueva vida para los dos.»

Su hijo ingresó a Fazenda de la Esperanza en plena pandemia y, mientras él iniciaba su recuperación, ella encontró un nuevo propósito.

«Le pedí a Dios que salvara a mi hijo o que me pusiera en el lugar donde creyera necesario. Ese lugar fue Esperanza Viva.»

«No solo se enferma quien consume»

Ariadna Lazarini explicó que, en la mayoría de los casos, quienes llegan primero al grupo son los familiares.

«Es raro que llame directamente la persona con consumo. Generalmente se comunica una mamá, un papá o un hermano.»

Por eso, el primer paso consiste en escuchar a la familia, explicar cómo funciona Fazenda de la Esperanza y acompañarla durante todo el proceso.

«El grupo queda abierto aunque la persona todavía no haya decidido iniciar un tratamiento. Acá también sanan quienes acompañan.»

Lazarini contó que ella también atravesó la problemática con su hijo y que el espacio le permitió derribar muchos prejuicios.

«Yo pensaba que las adicciones eran un problema de familias desestructuradas. En mi casa nunca hubo consumo y, sin embargo, mi hijo fue un adicto. Aprendí que esto le puede pasar a cualquiera.»

Para la integrante del grupo, una de las enseñanzas más importantes es comprender que el consumo no es un acto de voluntad.

«Ellos no se drogan porque quieren. Hay un dolor muy profundo que necesitan tapar.»

Una comunidad donde se aprende a vivir otra vez

Durante la entrevista explicaron que Fazenda de la Esperanza basa su recuperación en tres pilares fundamentales: el trabajo, la convivencia y la espiritualidad.

Los participantes viven durante un año en comunidades donde trabajan en huertas, granjas, carpintería, herrería y diferentes tareas cotidianas.

«No es una internación como la gente imagina. Es una escuela de vida», resumió Ariadna.

Además destacó que quienes acompañan a los nuevos integrantes son personas que también atravesaron la adicción.

«Cuando alguien te dice ‘yo sé lo que estás sintiendo’, realmente lo sabe porque pasó por lo mismo.»

El testimonio de quien volvió a empezar

Uno de los momentos más emotivos fue el relato de Fabián García, hoy embajador de la esperanza dentro de la organización.

Contó que comenzó a consumir drogas cuando apenas tenía 11 años y que durante más de dos décadas atravesó situaciones extremas.

«Empecé con cigarrillo, alcohol y marihuana. Después llegaron las pastillas, la cocaína, la delincuencia y la cárcel.»

Incluso confesó que intentó quitarse la vida en tres oportunidades.

«Yo ya no veía ninguna esperanza.»

Luego de varios tratamientos frustrados, ingresó el 25 de enero de 2025 a Fazenda de la Esperanza Las Canteras, en Córdoba, donde permaneció durante un año.

«Ahí encontré personas que realmente sabían lo que yo estaba viviendo. Eso hizo la diferencia.»

Hoy, recuperado, colabora con el grupo de San Lorenzo para acompañar a otros jóvenes.

«No fue fácil, pero se puede salir. Hoy estoy formando una familia y esperando un hijo. Eso antes era impensado para mí.»

Un mensaje para quienes todavía no se animan

Las integrantes coincidieron en que muchas familias no buscan ayuda por vergüenza.

«Ocultar el problema solo lo hace más difícil», afirmó Mariela.

También insistieron en que el consumo no afecta únicamente a quien consume.

«Cuando hay una persona con adicciones, toda la familia está enferma y necesita sanar.»

Por eso invitaron a dejar de lado los prejuicios y acercarse al grupo.

«Acá nadie juzga a nadie. Nos abrazamos, nos escuchamos y caminamos juntos.»

Reuniones abiertas y gratuitas

El Grupo Esperanza Viva funciona todos los viernes a las 19 en la Parroquia San Antonio de Padua, ubicada en Falucho 750, de San Lorenzo.

Las reuniones son gratuitas y están destinadas tanto a personas con consumos problemáticos como a padres, madres, hermanos y familiares que necesiten orientación o contención.

También reciben consultas a través de WhatsApp al 3476-55-2239, donde brindan información sobre el funcionamiento del grupo y el acompañamiento hacia Fazenda de la Esperanza.

«Hay esperanza. Solo hace falta animarse a dar el primer paso», fue el mensaje final que dejaron los tres entrevistados.

Escuchá la entrevista completa

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