Gisela Signorelli, politóloga de la región, analizó en El Muelle el impacto de la inteligencia artificial, los algoritmos y las redes sociales. Planteó la necesidad de generar conciencia, proteger los datos personales y avanzar en marcos regulatorios.
La inteligencia artificial dejó de ser una tecnología reservada para especialistas y pasó a formar parte de la vida cotidiana. Redes sociales, buscadores, aplicaciones y herramientas como ChatGPT utilizan sistemas algorítmicos que influyen, muchas veces de manera invisible, en aquello que vemos, escuchamos y hasta en las decisiones que tomamos.
Sobre esta transformación habló la politóloga Gisela Signorelli en una entrevista con el conductor y periodista Lucas Maidana, durante el programa “El Muelle”, que se emite los sábados de 9 a 12 por FM Nueva Estrella 102.9 para Nueva Estrella Medios.
Signorelli, quien también tuvo participación en espacios institucionales y políticos de la región, fue invitada a un conversatorio realizado en la Cámara de Diputados de la Nación para debatir sobre inteligencia artificial y los desafíos que plantea para la sociedad.
Una revolución que avanza más rápido que la sociedad
Para la especialista, la inteligencia artificial representa una transformación tecnológica sin precedentes y está avanzando a una velocidad mucho mayor que la capacidad de las sociedades para adaptarse.
“La inteligencia artificial es una revolución sin precedentes para nuestras sociedades”, sostuvo durante la entrevista.
Según explicó, el problema no pasa únicamente por las herramientas de inteligencia artificial generativa, sino por un entorno algorítmico mucho más amplio que ya atraviesa la vida cotidiana.
Desde el momento en que una persona utiliza un teléfono celular, interactúa con redes sociales o consume contenidos digitales, está dentro de un sistema que selecciona información y establece qué contenidos aparecen frente a sus ojos.
El algoritmo y la lógica de la confrontación
Uno de los puntos centrales de la conversación fue el funcionamiento de las redes sociales y la manera en que los algoritmos pueden favorecer los contenidos que generan mayor reacción.
Signorelli explicó que las personas suelen reaccionar con mayor intensidad frente a contenidos vinculados con el enojo, la violencia o el odio. Esa respuesta genera interacción y, en consecuencia, permite que determinados contenidos alcancen una mayor difusión.
El resultado puede ser una creciente polarización.
La especialista advirtió que las redes pueden generar una especie de “burbuja” en la que cada usuario recibe principalmente información relacionada con aquello que ya piensa o cree.
De esta manera, el llamado sesgo de confirmación puede reforzar determinadas posiciones y generar la sensación de que la realidad que aparece en las redes es la realidad completa.
“Son fracciones de la realidad”, explicó Signorelli, al remarcar que aquello que cada persona observa en sus redes sociales no representa necesariamente el conjunto de la sociedad.
“No reaccionar” también puede ser una decisión
Frente a esta situación, la politóloga planteó que los usuarios tienen una herramienta concreta: pensar antes de reaccionar.
Según explicó, muchos contenidos están diseñados para provocar una respuesta inmediata. Si una persona responde, comparte o interactúa, el algoritmo interpreta que ese contenido resulta relevante y puede mostrarlo a muchas más personas.
Por eso, sostuvo que evitar determinadas reacciones también puede ser una forma de recuperar capacidad de decisión frente a estos sistemas.
La discusión, para Signorelli, no debe centrarse únicamente en la tecnología, sino también en los intereses económicos y políticos que existen detrás de ella.
Tres cuestiones que la democracia debería proteger
Durante su participación en el conversatorio de la Cámara de Diputados de la Nación, Signorelli propuso pensar en tres integridades que una democracia debería proteger: la integridad de nuestras decisiones, la integridad de las personas y la integridad de nuestros recursos y territorios.
La primera está relacionada con la autonomía de las decisiones.
La especialista consideró necesario discutir qué ocurre cuando sistemas algorítmicos son utilizados para tomar decisiones que afectan a los ciudadanos. En ese sentido, planteó la necesidad de contar con mecanismos de transparencia y con la posibilidad de cuestionar aquellas decisiones que puedan afectar derechos fundamentales.
También puso el foco en el próximo escenario electoral y en el riesgo de que las tecnologías puedan ser utilizadas para influir sobre los ciudadanos.
Para Signorelli, garantizar la autonomía del voto frente a posibles mecanismos de manipulación digital debería formar parte de la agenda pública.
El desafío de proteger a las personas
Otro de los aspectos señalados fue el impacto que pueden tener determinadas herramientas de inteligencia artificial sobre las relaciones humanas.
Signorelli hizo referencia especialmente a los llamados chatbots relacionales, capaces de mantener conversaciones y simular vínculos con los usuarios.
Según explicó, estas tecnologías pueden generar vínculos emocionales especialmente fuertes y plantean interrogantes sobre la protección de niños, adolescentes y personas en situaciones de vulnerabilidad.
La especialista remarcó que es necesario que los usuarios puedan comprender claramente cuándo están interactuando con una máquina y cuáles son las características de esa relación.
La inteligencia artificial también consume recursos
El tercer eje planteado por Signorelli está relacionado con el territorio y los recursos naturales.
El funcionamiento de los sistemas de inteligencia artificial requiere grandes centros de procesamiento de datos, además de importantes cantidades de energía, agua y otros recursos.
Por eso, consideró necesario discutir qué tipo de inversiones tecnológicas necesita la Argentina y bajo qué condiciones deberían desarrollarse.
“Que llegue dinero, capital extranjero, no quiere decir que efectivamente eso se vea reflejado en un desarrollo argentino”, planteó.
En este punto, propuso avanzar hacia una mayor soberanía digital, fortaleciendo las capacidades científicas y tecnológicas del país, las universidades y el sistema público.
El desafío de legislar antes de que sea tarde
Para Signorelli, la velocidad con la que avanza la inteligencia artificial obliga a que estos temas ingresen rápidamente en la agenda política y legislativa.
La discusión, sostuvo, debe involucrar a distintos sectores porque la inteligencia artificial atraviesa la educación, el empleo, la producción, la política, la comunicación y las relaciones sociales.
La especialista consideró que la Argentina necesita debatir qué derechos deben ser protegidos, qué usos de estas tecnologías requieren regulación y cuáles son los límites que deberían establecerse.
Una recomendación para todos: cuidar los datos
Antes de finalizar la entrevista, Signorelli dejó una recomendación concreta para los usuarios: prestar especial atención a los datos personales que entregan a las herramientas digitales.
“Hoy es un commodity el dato”, señaló, al explicar que la información proporcionada diariamente a celulares, computadoras y plataformas constituye uno de los elementos centrales sobre los que funcionan estos sistemas.
En tiempos de inteligencia artificial, conocer cómo funcionan los algoritmos, comprender qué información entregamos y evitar reaccionar automáticamente frente a cada contenido pueden ser pequeños pasos para recuperar autonomía.
El debate recién comienza y, como planteó Signorelli durante su diálogo con El Muelle, la tecnología avanza a una velocidad que obliga a la sociedad, a las instituciones y a la política a comenzar a discutir sus consecuencias antes de que sea demasiado tarde.

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