Una fábrica santafesina de 73 años hizo el sillón que usará el papa León XIV

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La empresa familiar Mehring Sillas, de la ciudad de Esperanza, fue convocada para fabricar el sillón principal y dos sillas complementarias que utilizará el pontífice durante su visita al Pequeño Cottolengo Don Orione, en Claypole. Su dueño, Gustavo Mehring, contó cómo vivieron el encargo y por qué representa un orgullo para la industria nacional.

Una fábrica familiar de la provincia de Santa Fe recibió un encargo muy especial: fabricar el sillón principal y dos sillas complementarias que utilizará el papa León XIV durante su visita al Pequeño Cottolengo Don Orione, en Claypole. La elegida fue Mehring Sillas, una empresa de la ciudad de Esperanza que tiene 73 años de trayectoria y que convirtió esta tarea en uno de los momentos más significativos de su historia.

En diálogo con Laura Arancibia, en el programa radial “Con Voz” que se emite de lunes a viernes, de 9 a 12 por FM 102.9 para Nueva Estrella Medios, el dueño de la firma, Gustavo Mehring, contó cómo surgió la convocatoria, qué características debía tener el mobiliario y la emoción que sintieron al saber que una de sus piezas sería utilizada por el pontífice.

“Es un trabajo muy particular, muy especial”, expresó Mehring al recordar cómo recibieron la propuesta.

Un llamado inesperado y una decisión solidaria

La convocatoria llegó a través de una arquitecta que participa en la coordinación y organización del evento que se desarrollará en el Pequeño Cottolengo Don Orione. Desde allí se comunicaron con la empresa para consultar si podían presupuestar un sillón para el papa León XIV.

La respuesta fue inmediata. La familia Mehring se puso a disposición y decidió que la fabricación del mobiliario sería una donación para la institución.

El empresario reconoció que, al principio, no llegó a dimensionar lo que significaba el pedido. Sin embargo, con el paso de los minutos tomó conciencia de que el trabajo sería utilizado por el Papa durante su visita a la Argentina.

“Uno piensa: ‘Pará, es el Papa, va a estar en Argentina y puede estar sentado en una de nuestras sillas’”, relató.

A esa sorpresa se sumó el componente emocional. Mehring explicó que su familia es católica y que siente una vinculación especial con la figura del pontífice y la Iglesia.

Una empresa familiar con más de siete décadas de historia

Mehring Sillas nació hace 73 años por iniciativa del padre de Gustavo. Desde entonces, la fábrica creció a partir del trabajo cotidiano y del compromiso familiar.

Actualmente, la empresa está a cargo de Gustavo y sus hermanos, mientras que integrantes de la tercera generación comienzan a incorporarse a distintas tareas.

Para la firma, este encargo representa mucho más que fabricar un mueble. Es la posibilidad de que el trabajo de una industria del interior santafesino forme parte de un acontecimiento de relevancia nacional.

Cómo se diseñó el sillón del Papa

El equipo recibió imágenes de referencia y algunas medidas aproximadas para orientar el diseño. A partir de esas indicaciones, la empresa tuvo libertad para proponer el modelo, siempre que respetara las dimensiones necesarias y ofreciera comodidad.

Uno de los requerimientos fue que el tapizado fuera de color blanco. El resto de los detalles, incluidas las terminaciones y las tachas decorativas, fueron definidos por los propios fabricantes.

Mehring explicó que también se buscó un diseño sencillo, sin excesos, acorde con el mensaje de austeridad que se quería transmitir.

El conjunto está integrado por el sillón principal, con apoyabrazos, y dos sillas laterales. Las tres piezas comparten el mismo estilo, el tapizado y las terminaciones, aunque las sillas complementarias son algo más angostas.

Para la estructura se utilizó madera de guatambú, una madera nacional que la fábrica emplea habitualmente en la producción de sus sillas por sus características y su adaptación a este tipo de mobiliario.

Más de diez trabajadores participaron en la fabricación

El trabajo involucró a distintas personas de la fábrica. No fue una tarea realizada por un único operario: participaron trabajadores de las áreas de corte, cepillado y ensamblado, además del equipo encargado del tapizado.

Las distintas etapas requirieron tanto el uso de máquinas como tareas manuales. Entre ellas se destacó la colocación de las tachas decorativas, que debieron instalarse una por una.

Mehring contó que cada trabajador aportó su parte para completar las piezas, desde la preparación de la madera hasta las terminaciones finales.

Aunque no precisó cuánto tiempo demandó la fabricación, explicó que el proceso reunió el trabajo habitual de la empresa con una dedicación especial por el significado del encargo.

El orgullo de representar a la industria nacional

La noticia llegó en un momento complejo para las pequeñas y medianas empresas del sector del mueble. Mehring señaló que la fábrica atraviesa dificultades vinculadas con la caída de las ventas y el ingreso de mercadería importada, una situación que, según indicó, afecta a la industria nacional.

Por eso, consideró que haber sido elegidos para fabricar el mobiliario tiene un valor que va más allá del reconocimiento comercial.

“Lo tomamos como un mensaje, como una bendición de que seamos elegidos para este producto”, expresó.

También destacó el orgullo de que una empresa de Esperanza, en Santa Fe, pueda contribuir a un acontecimiento tan significativo para muchas personas.

La repercusión pública de la noticia fue otra de las sorpresas. Según contó, nunca imaginaron que el encargo despertaría tanto interés y que tendría semejante alcance.

Un antes y un después para la familia Mehring

Para Gustavo Mehring, la fabricación del sillón y las dos sillas quedará como un momento especial en la historia de la empresa. La experiencia combina décadas de oficio, trabajo en equipo y una donación destinada a una institución que recibirá al pontífice.

El empresario agradeció la difusión de la noticia y reconoció que la repercusión generada por el encargo marcó un antes y un después para la firma.

Desde Esperanza, una fábrica familiar que comenzó hace más de siete décadas vuelve a poner en valor el trabajo de la industria santafesina. Esta vez, con una pieza que tendrá un lugar destacado durante la visita del papa León XIV al Pequeño Cottolengo Don Orione, en Claypole.

 

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