El transporte en San Lorenzo atraviesa una transformación silenciosa pero profunda. La irrupción de Uber ya no es una novedad: se convirtió en una alternativa cotidiana para cientos de vecinos, aunque todavía opera sin una regulación clara a nivel local.
El tema fue abordado en el programa radial El Muelle, conducido por Lucas Maidana, junto al periodista Santiago Ríos, quien trazó un panorama actual del servicio en la región.
Según relevamientos locales, existe una comunidad de entre 50 y 60 conductores que utilizan Uber en la ciudad. Sin embargo, solo una minoría vive exclusivamente de esta actividad.
“No alcanza para sostenerse como trabajo principal”, reconocen los propios choferes.
El principal problema es el margen de ganancia:
- Uber retiene entre 35% y 40% de cada viaje
- El resto debe cubrir combustible, mantenimiento y desgaste del vehículo
En números concretos, los ingresos pueden rondar 1,2 millones de pesos mensuales, pero sin descontar gastos, lo que reduce significativamente la rentabilidad real.
Sin reglas claras: el gran vacío
Uno de los puntos más sensibles es la falta de regulación municipal, lo que abre múltiples interrogantes:
- ¿Quién responde ante un accidente?
- ¿Qué responsabilidad tiene la plataforma?
- ¿Cómo se controla la actividad?
Actualmente, Uber funciona bajo una figura tecnológica (Fintech), lo que le permite operar sin ser considerada formalmente una empresa de transporte.
Convivencia con taxis: sin conflicto, pero con tensión
A diferencia de otras ciudades como Rosario, en San Lorenzo no se registran enfrentamientos directos entre taxistas y conductores de Uber.
Incluso, muchos taxistas ya trabajan con la app como complemento.
Sin embargo, el sector tradicional enfrenta una fuerte crisis debido que aumentaron los costos (combustible, repuestos, mantenimiento), bajó la cantidad de viajes y se perdieron licencias (chapas)
Hoy, la tarifa de taxi quedó desfasada frente a la competencia digital, que suele ofrecer precios más bajos mediante algoritmos de demanda.
Transporte público en crisis
El problema no termina ahí. El sistema de colectivos también muestra señales de deterioro: frecuencias cada vez más largas, unidades saturadas en horarios pico y tarifas elevadas (alrededor de $2100 el boleto mínimo)
Este escenario empuja a los usuarios a buscar alternativas: Uber, taxis, motos o incluso caminar.
Una realidad que llegó para quedarse
La conclusión es clara: Uber ya forma parte del ecosistema de movilidad local. Pero sin reglas, el sistema queda en una zona gris que afecta a todos. donde los conductores están con ingresos inestables, los usuarios sin garantías claras y los servicios tradicionales en crisis.
“Hay que regular, porque esto ya es una realidad”, fue el mensaje que dejó el análisis.

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