A veces, la emoción nos sorprende en los lugares menos esperados. Como una pista escondida entre el caos, o una canción que aparece justo cuando hace falta. En la reciente serie de El Eternauta, versión Netflix de la mítica historieta de Oesterheld y Solano López, los santafesinos encontramos eso: señales. Pequeñas pero potentes, que nos nombran, nos representan, nos abrazan.
Porque sí, entre nieve radioactiva, calles colapsadas y sobrevivientes en busca de respuestas, se cuela un cartel gigante de Los Palmeras, y suena, con toda su espiritualidad intacta, el Credo de la Misa Criolla del santafecino Ariel Ramírez. Dos guiños que no pasaron desapercibidos. Dos apariciones que nos sacuden desde la raíz.
Un cartel, un símbolo
La escena sucede en el episodio 4, minuto 9. Juan Salvo (Darín) y Favalli (Troncoso) bajan de un auto en una Buenos Aires devastada. Entre escombros y silencio blanco, aparece un cartel publicitario: Los Palmeras en el Luna Park. 15 de diciembre de 2022. Pegado, casual, urbano. Tan real que ni siquiera fue parte de la escenografía: estaba ahí cuando grabaron, y decidieron dejarlo.
Lo dijo después el director, Bruno Stagnaro: “No fue intencional, pero tampoco lo quitamos. La ciudad también habla.”
Y habló. Porque ese cartel generó un torbellino de emoción en redes. Orgullo, sorpresa, risas, pantallazos. La cumbia de Los Palmeras como faro de identidad popular en medio del desastre. Y no tardaron ellos, claro, en subirse al viaje: “Ahora somos Los Palmernautas. Si llega una invasión, tranqui: nosotros ponemos la cumbia”, dijeron en Instagram, máscaras puestas, como si estuvieran listos para enfrentar el apocalipsis… bailando.
Una misa para sobrevivir
Más adelante, en una escena de esas que te aprietan el pecho, los protagonistas entran a una iglesia buscando refugio. Y lo que suena es la voz de Mercedes Sosa, interpretando el Credo de la Misa Criolla. Una obra que nació desde un gesto de humanidad profunda, escrita por Ariel Ramírez, santafesino universal.
Compuesta en los ‘60, inspirada en una historia de solidaridad durante la Segunda Guerra, la Misa Criolla mezcla fe y folclore, chacarera y liturgia, con un mensaje que atraviesa todo: la esperanza es una forma de sobrevivir.
Nos vemos en lo que miramos
Y ahí estamos. En un cartel pegado, en una canción que suena. En los detalles. En lo que nos nombra cuando ni lo esperábamos. Santa Fe aparece en El Eternauta no por la lógica del guión, sino por esa magia extraña que a veces tienen las historias: nos devuelven el espejo de lo que somos.
Porque entre tanta ficción apocalíptica, aparece lo real. La música que bailamos. La fe que nos sostiene. La memoria que compartimos.
Y eso, aunque sea por un segundo, nos salva.



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