Lara Ghione: La adolescente de 12 años que desafía las barreras educativas y académicas

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Con apenas 12 años, Lara Ghione, oriunda de Funes, se ha convertido en un verdadero ejemplo de curiosidad, talento y resiliencia. Mientras cursa el sexto grado de la escuela primaria, también es la primera adolescente en cursar una diplomatura en la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Este notable logro la convierte en un referente de cómo el talento, combinado con el apoyo familiar y educativo, puede romper las convenciones sociales y académicas.

Lara fue diagnosticada con Alta Capacidad y TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad), pero estos diagnósticos no han sido barreras para que esta joven siga su propio camino, uno que desafía las expectativas. A pesar de los consejos de los médicos que sugerían adelantar sus estudios al ciclo secundario, su madre, Yamila, decidió que Lara continuara en la primaria. “La idea es que no queme etapas y mantenga sus vínculos afectivos”, explica la madre. Esta decisión subraya una importante premisa: el bienestar emocional es tan crucial como el rendimiento académico.

Un camino con obstáculos

El recorrido de Lara no ha sido sencillo. Desde pequeña, enfrentó dificultades que comenzaron con un grave cuadro de desnutrición a los 4 meses. A medida que crecía, las dificultades continuaron, particularmente dentro del sistema educativo. A los 5 años, la pequeña Lara tuvo un desacuerdo con una maestra, a quien calificó de «intolerante» por no comprender a un compañero con TEA (Trastorno del Espectro Autista). Su actitud provocó que fuera casi suspendida.

A los 6 años, Lara tuvo que enfrentar la negativa de seis colegios en Funes, quienes argumentaban que no estaban preparados para abordar su caso. Finalmente, encontró un lugar de contención en el Colegio Biró de Fisherton, donde pudo ser ella misma, y hasta dio una charla sobre bullying a sus compañeros de tercer grado. En este colegio también comenzó a participar en actividades extracurriculares, como cursos de programación en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).

En 2020, durante la pandemia, la situación se volvió aún más compleja. Directivos de su escuela primaria decidieron no permitirle conectarse a las clases virtuales, temiendo que su destreza con herramientas de edición como Canva y Capcut pudiera distraer a los demás alumnos. “Mis amigos y compañeros me apoyan mucho. Voy a la escuela por ellos”, comenta Lara, dejando en claro que, a pesar de su capacidad, valora profundamente la interacción social.

La oportunidad de estudiar en la universidad

La Universidad Abierta Interamericana (UAI) hizo una excepción en su normativa y permitió que Lara comenzara su diplomatura en Community Manager. Según la ley argentina, se requiere ser mayor de 18 años y haber finalizado el secundario para ingresar a la universidad, pero Lara logró demostrar su capacidad para asumir el desafío. Su mamá, con orgullo, comenta: «Pudo demostrar su capacidad».

Este logro es más que académico: es un testimonio de la importancia de brindar oportunidades a los jóvenes que sobresalen y desafían las normas. Sin embargo, más allá de su brillantez académica, Lara sigue siendo una niña de 12 años, que disfruta de las mismas cosas que cualquier chica de su edad. Le apasiona la danza, el vóley, el K-pop y el cine nacional. Es fan de actores como Diego Peretti y Adrián Suar, y ha visto la película El robo del siglo tantas veces que la puede recitar de memoria.

Lara también disfruta de la lectura y recomienda el libro Me llamo Goa, que explora las complejidades de la adolescencia. “Sé que es mi nueva etapa en la vida y quiero saber qué me espera, entender cómo me siento y cómo llevarlo adelante”, reflexiona con madurez. Aparte, gracias a su padre matemático, Lara aprendió sobre educación financiera y ya se siente capaz de manejar sus propios ahorros, invirtiendo en bonos.

La importancia de acompañar el talento

Lara es solo un ejemplo de cómo los talentos pueden manifestarse desde temprana edad y cómo es necesario un sistema educativo que los acompañe y valore, no solo por su capacidad intelectual, sino también por su bienestar emocional. Como señala su madre: «Es clave visibilizar estos logros para que más chicos puedan desarrollar su talento sin límites«. En su casa, el acompañamiento es una constante. “Si a tu hija le encanta dibujar o practicar algún deporte, lo que sea, estemos atentos y acompañemos ese crecimiento”, agrega Yamila.

La historia de Lara Ghione no solo habla de inteligencia precoz o logros académicos, sino de la importancia de dar espacio a las nuevas generaciones para que puedan ser ellas mismas, sin limitaciones ni barreras. Su historia es la prueba de que, con el apoyo adecuado, el cielo es el límite.

 

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