Soledad Pastorutti emocionó a miles de personas en la Plaza Próspero Molina con un espectáculo inolvidable, invitados de primer nivel y un cierre cargado de simbolismo, a tres décadas de su debut en el festival.
Soledad Pastorutti volvió a escribir una página dorada de su historia artística en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, donde celebró 30 años de carrera con un show tan potente como emotivo, marcado por la lluvia, la emoción del público y una lista de invitados especiales.
La historia se cerró donde había comenzado. El 26 de enero de 1996, con apenas 15 años, La Sole se subía por primera vez al escenario Atahualpa Yupanqui para cantar una sola canción. Aquella noche, el pedido insistente del público y el recordado revoleo del poncho marcaron el inicio de una carrera que la convirtió en una de las artistas más queridas del país.

Tres décadas después, el reencuentro con Cosquín fue a estadio lleno y con entradas agotadas. Pasadas las 23, la lluvia comenzó a caer, pero lejos de opacar la noche, se convirtió en parte del ritual. Familias enteras, pilotos de colores y una comunión única entre artista y público transformaron la Plaza Próspero Molina en una postal inolvidable.
A la 1.30 de la madrugada, una grúa ingresó al escenario con una luna suspendida. Desde allí descendió Soledad, en medio de una ovación, para abrir el show con Sigo siendo yo y Vivir es hoy. El espectáculo, dividido en tres partes, recorrió distintos momentos de su carrera, desde sonidos más eléctricos hasta los clásicos del folklore.

Los invitados fueron otro de los grandes atractivos de la noche. Pedro Capó, Teresa Parodi, Nahuel Pennisi, Cazzu y La Delio Valdez compartieron escenario con La Sole, aportando diversidad musical y momentos de fuerte emoción, mientras la lluvia no daba tregua.
Uno de los pasajes más conmovedores llegó con la participación de su hermana Natalia, con quien revivió los comienzos familiares interpretando canciones cargadas de recuerdos. Más tarde, ya entrada la madrugada, llegaron los clásicos que marcaron generaciones: Tren del cielo, Entre a mi pago y Salteñita de los Valles.
El cierre fue tan inesperado como emotivo. Bajo la lluvia, Soledad interpretó Brindis mientras sostenía en brazos a un bebé del público, sellando una noche que resumió su vínculo profundo con Cosquín y con la gente.
Luego del recital, la artista agradeció a aquella adolescente que se animó a subir al escenario sin saber todo lo que vendría después y, cerca de las cinco de la mañana, se despidió en caravana, subida a una autobomba, acompañada por una multitud que no quería que la fiesta terminara.
Treinta años después, La Sole sigue celebrando el folklore con la misma pasión de siempre, demostrando que su conexión con Cosquín y con el público permanece intacta.


Dejar una contestacion