En el programa radial Honrar la Vida, Miriam Cosenza tuvo la oportunidad de conversar con la hermana Aelaida Ferreira, religiosa de la congregación de las Hermanas Franciscanas. En el marco del Día Internacional de la Mujer, celebrado el 8 de marzo, la hermana Aelaida compartió su visión sobre el papel de la mujer, especialmente en los contextos más olvidados y marginales de Argentina, como lo son las comunidades aborígenes del norte del país.
La hermana Aelaida, cuya vocación ha estado siempre vinculada a la educación y a la misión de llevar la palabra y el amor de Jesús a los más necesitados, relató cómo su congregación ha trabajado incansablemente en zonas periféricas y de difícil acceso. Sin embargo, destacó especialmente su experiencia en las misiones con los pueblos originarios del norte argentino, en Formosa, como una de las vivencias más enriquecedoras y conmovedoras de su vida religiosa.
“En nuestro carisma está la educación, pero nuestra misión se extiende más allá de las aulas. Tenemos la posibilidad de involucrarnos en campos como la atención a los enfermos y, en mi caso, he tenido la oportunidad de trabajar directamente con las mujeres originarias en zonas muy alejadas”, explicó la hermana Aelaida.
A través de su trabajo en lugares como la misión de La Ica( Instituto de Comunidades Aborígenes), a 60 kilómetros de Pirané, y Las Lomitas, a unos 300 kilómetros de la ciudad de Formosa, la hermana ha podido ser testigo de las duras realidades que enfrentan estas comunidades, especialmente las mujeres originarias. Según relató, estas mujeres viven en condiciones extremadamente precarias, sin acceso a servicios básicos como agua potable o electricidad. La situación de salud también es alarmante, y muchas de estas mujeres padecen enfermedades que van desde enfermedades venéreas hasta infecciones por la falta de condiciones higiénicas mínimas.

“La mujer originaria vive una realidad muy difícil. Muchas veces descalza, desnutrida, enferma… A pesar de todo, su resiliencia y fortaleza son impresionantes. Estas mujeres cargan con mucho dolor, pero siguen adelante, luchando por sus familias y por su tierra”, agregó la hermana Aelaida.
El testimonio de la hermana Aelaida fue complementado por las palabras del sacerdote formoseño, Padre Ponciano A. Costa, quien actualmente reside en una de las misiones de la congregación. En su relato, el sacerdote destacó la dureza del trabajo de estas mujeres, quienes a menudo enfrentan condiciones extremas de pobreza y desamparo. “Las mujeres originarias son las que cargan leña, llevan a sus niños en brazos y caminan kilómetros para conseguir lo básico. Su vida es una lucha constante, pero son mujeres fuertes, que tienen un corazón lleno de esperanza”, dijo el Padre Ponciano.
El programa también evocó un sentido homenaje a la mujer formoseña, a través de las palabras de Raúl Marcelo Scozina, creador del Vía Crucis Formoseño, quien, en cada estación de este emotivo relato, rinde tributo a la mujer en su papel de luchadora, madre, educadora y heroína anónima. Según Scozina, la mujer formoseña “es la que camina junto al hombre en la lucha diaria por la vida, en la siembra y la cosecha, en el dolor y el triunfo”. Esta visión poética y profunda de la mujer refleja no solo el sufrimiento, sino también la dignidad y la fuerza de aquellas que, a pesar de las adversidades, siguen adelante.
“Este Vía Crucis no solo habla de la mujer religiosa, sino de la mujer argentina en todas sus formas: desde la aborigen hasta la mestiza, desde la madre campesina hasta la maestra que arriesga su vida por la educación. Son mujeres que, en su silenciosa lucha, llevan una cruz de sufrimiento, pero también de esperanza”, añadió la hermana Aelaida, quien agradeció el espacio brindado para hablar de estas mujeres olvidadas por la sociedad.
En un emotivo cierre, la hermana Aelaida agradeció a Honrar la Vida , y principalmente a la señora Miriam Cosenza, por permitirle compartir su experiencia y reflexionó sobre el sentido de la vocación religiosa y la misión que realiza. “Es un honor ser parte de esta lucha por las mujeres que más lo necesitan. Es mi vocación, mi llamado, y me siento agradecida por poder servir a Dios a través de estas mujeres”, concluyó.
Este encuentro nos deja una reflexión profunda sobre la invisibilidad de las mujeres en las comunidades más marginales de Argentina y la importancia de seguir luchando por su dignidad, respeto y derechos. Como bien dijo la hermana Aelaida, en estos lugares olvidados, “honrar la vida es también honrar a estas mujeres que, en su silencio, son las verdaderas portadoras de la esperanza”.

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