Según el INDEC, la inflación de junio fue de apenas 1,6% y los alimentos subieron un módico 0,6%. El Gobierno festeja la “desaceleración histórica”, pero mientras el Excel cierra con superávit, en la vida real hay precios que siguen corriendo por otra pista. Por ejemplo, las prepagas, que ya acumulan subas de más del 11% en lo que va del año, muy por encima del promedio general y del bolsillo promedio.
Los datos oficiales muestran que la inflación del primer semestre cerró en 15,1%, tres veces menos que en el mismo período de 2023. En alimentos, la suba fue pareja: también 15,1% en seis meses, aunque con una marcada desaceleración en mayo (0,5%) y junio (0,6%).
Hasta ahí, todo bien en los informes técnicos. Pero fuera de las planillas, la realidad aprieta distinto. Las cuotas de medicina privada —que el Gobierno había prometido revisar tras los aumentos desregulados de principios de año— volvieron a subir y siguen sin reflejar el “orden macroeconómico” que proclama el oficialismo.
Un ajuste que no ajusta a todos
Desde el Ejecutivo insisten en que la inflación baja gracias al fin de la emisión monetaria, el superávit fiscal y el “motosierrismo” aplicado sobre el Estado, que recortó el gasto público en más de 15 puntos del PBI. “Esto no es magia”, repiten en redes y conferencias. Pero algunos rubros, como el de la salud privada, parecen estar exentos del rigor fiscal.
Las prepagas, que durante años culparon a la inflación por sus incrementos, ahora encuentran nuevas excusas para subir. En seis meses, ya ajustaron más que los alimentos, que históricamente eran los principales motores del IPC. ¿No les llegó la motosierra o el bisturí no corta hacia ese lado?
Ajuste para algunos, privilegios para otros
La narrativa oficial habla de disciplina, orden y “basta de gastar lo que no hay”. Pero mientras se reducen subsidios, se congelan jubilaciones y se licúa el salario público, hay sectores que siguen remarcando sin mucho control.
Además, el Gobierno aprovechó la difusión del dato de inflación para criticar al Congreso, tras la aprobación de leyes “irresponsables” que aumentarían el gasto. “La casta quiere volver al desorden”, señalaron desde Casa Rosada. Aunque para muchos ciudadanos, el desorden nunca se fue: solo cambió de forma.
Excel vs. changuito
La inflación puede estar bajando en los indicadores oficiales, pero en el changuito del supermercado, en la boleta de la prepaga o en la góndola de medicamentos, los números siguen mostrando que el ajuste no es parejo. La economía de Excel tiene superávit; la economía real, déficit de paciencia.

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