Rosario fue el epicentro de una masiva movilización este sábado con la Marcha Federal Antifascista y Antirracista, convocada por el colectivo LGBTIQNB+. La marcha, que comenzó en la Plaza San Martín y se dirige hacia el Monumento a la Bandera, es una respuesta contundente contra los discursos de odio y las políticas de violencia y discriminación que amenazan los derechos conquistados por diversas comunidades.
Bajo el lema «La vida está en riesgo ¡Basta! Al clóset no volvemos nunca más», los manifestantes se unieron para rechazar tanto las declaraciones del presidente Javier Milei como las amenazas hacia la comunidad LGBTIQNB+. La movilización, que se replicará en varias ciudades del país, subraya la necesidad de seguir luchando por una sociedad inclusiva, en la que no se excluya a nadie por su identidad de género u orientación sexual.
El descontento de la sociedad frente a los discursos de odio impulsados desde el Gobierno nacional se hizo sentir en cada rincón de la ciudad. En su intervención en el Foro Económico Mundial en Davos, Javier Milei vinculó la homosexualidad con la pedofilia, calificó al aborto como una «aberración» y atacó al «feminismo radical». Esta retórica, según los organizadores de la marcha, tiene un nombre claro: fascismo.
Sin embargo, más allá de la lucha por los derechos del colectivo LGBTIQNB+, la movilización fue también una manifestación contra las políticas del presidente y su agenda, que muchos consideran como una amenaza a la democracia. Carlos Del Frade, quien participó en la marcha, destacó: «Nos movilizamos en contra de estas persecuciones que son funcionales a la construcción de un nuevo neofascismo en Argentina, tal como lo está haciendo Trump en los Estados Unidos. Argentina, siendo una colonia vinculada directamente, necesita una figura como Milei para generar miedo y persecución, para que toda la sociedad viva bajo su amenaza. Esto no es solo contra el fascismo, es contra la democracia».
La respuesta a los discursos de odio, la violencia y la persecución sigue cobrando fuerza en las calles, demostrando que la unidad y la lucha colectiva son el camino para garantizar una sociedad más justa e igualitaria. En este contexto, la marcha no solo representa un reclamo por los derechos de las diversidades sexuales, sino también una reafirmación de que los avances democráticos no se negocian ni se retroceden.

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