Claves prácticas para sostener a jóvenes cuando las emociones desbordan y el diálogo se vuelve fundamental.
Las crisis emocionales en la adolescencia pueden resultar angustiantes tanto para quienes las atraviesan como para las familias que buscan ayudar. Miedo, frustración, enojo o tristeza intensa suelen aparecer de golpe y, muchas veces, desbordan. Entender qué está pasando y cómo acompañar desde un lugar empático puede marcar una gran diferencia.
La psicóloga especializada en adolescentes Dra. Lisa Damour, autora y referente internacional en el tema, dialogó sobre este desafío y brindó claves concretas para que madres, padres y adultos responsables puedan sostener a sus hijos cuando las emociones parecen incontrolables.
¿Qué es una crisis emocional?
Una crisis ocurre cuando un adolescente se siente completamente superado por lo que está viviendo. A diferencia de los niños más pequeños, los adolescentes suelen “aguantar” durante el día —en la escuela o con amigos— y liberar todo al llegar a casa, un espacio donde se sienten seguros para mostrarse vulnerables.
Pueden aparecer llanto incontenible, respiración acelerada, nerviosismo o una necesidad urgente de hablar. No se trata de “caprichos”, sino de emociones reales que necesitan ser escuchadas.
Nota importante: esta orientación es general. Si las crisis son frecuentes o muy intensas, podrían estar vinculadas a otras dificultades y es recomendable consultar con un profesional.
Qué pueden hacer las familias: nueve pasos para acompañar
La Dra. Damour propone avanzar paso a paso, haciendo pausas para ver si el adolescente logra calmarse antes de seguir.
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Escuchar sin interrumpir
Dejar que hable, que descargue, sin corregir ni dar soluciones inmediatas. -
Ofrecer empatía sincera
Frases simples como “siento que estés pasando por esto” o “debe ser muy difícil” ayudan más de lo que parece. -
Validar lo que siente
Evitar minimizar. Decir “tus sentimientos son comprensibles” alivia y no agrega culpa. -
Ayudar a calmar el cuerpo
La respiración profunda es una gran aliada. Mano en el abdomen, inhalar y exhalar cinco segundos, varias veces. -
Transmitir confianza
Acompañar sin desmerecer: “esto es duro, pero no va a durar para siempre”. -
Preguntar si necesita ayuda para resolverlo
Pedir permiso antes de aconsejar fortalece el vínculo. -
Separar lo que puede cambiarse de lo que no
Esto ordena el problema y reduce la sensación de desborde. -
Buscar soluciones juntos
Pensar alternativas concretas para lo que sí está bajo su control. -
Acompañar la aceptación
Ayudar a soltar lo que no se puede modificar y cuidar la energía emocional.
Acompañar también es educar emocionalmente
Estar presentes, escuchar sin juzgar y validar emociones no significa “consentir todo”, sino enseñar herramientas para la vida. La adolescencia es una etapa intensa, pero con adultos disponibles y empáticos, las crisis pueden transformarse en aprendizajes profundos.
Fuente: Unicef

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