Rosario vivió una noche única y profundamente emotiva con Abel Pintos como protagonista. La segunda presentación del artista en el Metropolitano fue un viaje musical y emocional .Dejó al público entre lágrimas, risas y ovaciones.
A las 20:15 horas, las luces se apagaron y Abel subió al escenario. Desde los primeros acordes de De repente, versión de Soraya, el público supo que iba a presenciar algo más que un recital: fue una ceremonia de amor, gratitud y comunión.
Durante dos horas ininterrumpidas, Abel interpretó más de 25 canciones, incluyendo clásicos como Motivos, La llave, Piedra libre, De solo vivir y Tiempo. Cada tema fue coreado de principio a fin, y en varios momentos el público se puso de pie para bailar y aplaudir al unísono.
Mercedes Borrel fue la encargada de abrir la noche mientras la sala se llenaba de admiradores ansiosos. Luego, Abel Pintos tomó el escenario no solo para cantar, sino también para hablar desde el corazón. En uno de los pasajes más emotivos de la noche, dijo:
«No quiero llegar a normalizar esto que está pasando acá. Valoramos mucho cada oportunidad que tenemos, y el amor que ustedes nos han brindado. Gracias a Dios por estar acá y gracias a ustedes por siempre estar.»
Con una puesta en escena impecable y un sonido de excelencia, el artista logró conectar con el alma del público. Habló de lo que significa el paso del tiempo, del amor de su gente, y de lo que representa compartir la música con esa «gran familia» que se forma en cada uno de sus conciertos.
Este show forma parte de su gira nacional 2025, que llega tras un 2024 de logros y con el lanzamiento reciente de su disco Alta en el cielo, una obra realizada junto a la Orquesta Académica del Teatro Colón, en la que reinterpreta canciones patrias argentinas desde una perspectiva emotiva y artística.
Las entradas, agotadas, dejaron en claro el amor incondicional del público rosarino hacia el artista. Anoche, el Metropolitano se convirtió en un templo de música, emoción y gratitud.

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